2006/ Agosto

(Publicado en "El Comercio" 20 Agosto de 2006)

URBANISMO EN GIJÓN 1982-2006: RECUERDOS, REALIDADES Y ESPERANZAS

Recuerdos

Gijón, verano de 1982. En la Colegiata de San Juan Bautista, un edificio desconocido por aquella época para la mayoría de los gijoneses, se expone el Avance del Plan General de Ordenación Urbana. El documento urbanístico había sido redactado por el equipo de arquitectos formado por Ramón Rañada, José Ramón Menéndez de Luarca, Tita Navarro y Gerard Lloch, ganadores del concurso público convocado para la redacción del primer Plan General de Ordenación de Gijón de la nueva era democrática.
La exposición del Avance, a la que se dio una gran difusión, trataba de divulgar los contenidos del Plan y transmitir dos mensajes representativos de los nuevos tiempos. El primero, que el urbanismo pasaba a convertirse en un acto público sujeto a la participación ciudadana, y el segundo, que el nuevo urbanismo apostaba por la recuperación del patrimonio arquitectónico de Gijón tratando de darle nuevos contenidos públicos.
En general, el ambiente periodístico no era muy favorable al nuevo Plan. Abundaban las críticas de todo tipo que iban desde la falta de previsión de un crecimiento poblacional importante, a las nuevos trazados viarios, pasando por la renuncia a seguir haciendo derribos en la ciudad histórica para lograr calles imposibles, o a las nuevas propuestas sobre el tráfico basadas en reducir el transporte privado en el centro urbano.
Todo ello, tratando de crear un cierto clima de apocalipsis urbano asociado al primer Plan General que tenía intención de cumplirse. Esta actitud, muy propia por otra parte de nuestra ciudad, olvidaba paradójicamente la destrucción sistemática producida en los años precedentes con el beneplácito o al menos silencio, de todos los sectores influyentes en la vida ciudadana.
Los únicos tímidos aplausos se producían por la voluntad de mejorar los equipamientos urbanos, consideradas cuestiones menores frente a los otros temas comentados.
Mi visión de aquella época era totalmente distinta, había acabado la carrera en el año 1978 y trabajaba como contratado en la oficina del Plan desde junio1981, siguiendo desde un lugar privilegiado y con la pasión de un arquitecto-niño el esfuerzo ejemplar de los cuatro arquitectos y todo un equipo multidisciplinar de colaboradores para lograr convertir los despojos urbanos de mi ciudad en al menos un lugar atractivo del que no tuviéramos que avergonzarnos los gijoneses.

Realidades

Aquel Plan General tuvo reconocimientos profesionales importantes, pero sobre todo, pasados 25 años los habitantes de Gijón hemos comprobado que sus propuestas eran un proyecto urbano claramente beneficioso para nuestra ciudad.
A escala urbana la ciudad ya cuenta con un saneamiento moderno, una red viaria razonable y una relación importante de nuevos equipamientos y zonas verdes. Cerro de Santa Catalina, Pericones, Lauredal, Campus Universitario, Red de Museos Municipales, Playas de Poniente y del Arbeyal, Teatro Jovellanos, Botánico, Acuario, Estadio de Las Mestas, Pabellón Municipal, Puerto Deportivo, campos de golf de La Llorea y El Tragamón, son realizaciones de esta época.
A escala de barrio, la ciudad también ha experimentado grandes mejoras. Calles urbanizadas y pequeños parques junto a todo tipo de equipamientos han supuesto una mejora espectacular en la calidad urbana de los barrios periféricos, convirtiendo en realidad la filosofía de equilibrio que propugnaba el Plan General.
La protección y recuperación de la ciudad antigua, así como la ordenación de las actuaciones del suelo no urbanizable, fueron otros aspectos importantes y novedosos de aquel Plan, en los que sin obtener resultados tan espectaculares como los anteriores también contribuyeron a la mejora urbanística de nuestro concejo.
Todos estos logros aparecen expuestos en un recuerdo que considero acertado y oportuno en el pabellón del Ayuntamiento de Gijón de la Feria de Muestras.
Aquel Plan General revolucionario y a la vez posibilista, solamente nos dejó un gran error: el Plan de Reforma de las Estaciones cuya rápida ejecución, demostró desde su inauguración lo desafortunado de sus propuestas.

Esperanzas

El proyecto del Plan General iniciado en 1981 fue tan ambicioso, que el gran esfuerzo colectivo que supuso hacer realidad sus propuestas y las de las sucesivas Revisiones -dirigidas también por el arquitecto Ramón Rañada- condujo a una sensación de autocomplacencia vacía de proyectos de futuro ilusionantes para la ciudad.
Este preocupante inmovilismo fue roto afortunadamente hace algún tiempo con la puesta en escena de varios proyectos urbanos de gran transcendencia que nos tendrán ocupados durante bastantes años: la ampliación del Musel, la creación de la ZALIA, el “Plan de vías”, el Metrotrén, La Laboral y la aprobación de la Adaptación del Plan General de Gijón.
La ampliación del Musel, objeto de todo tipo de debates durante largo tiempo, ya está en marcha así como la creación de la ZALIA, complemento indispensable de esta ampliación. Ambos proyectos, junto con las conexiones a las infraestructuras de transporte, suponen el primer paso de la necesaria reordenación de forma global y ambiciosa de la zona oeste-industrial de la ciudad.
El “Plan de vías” está redactándose y las obras del Metrotrén se encuentran en marcha. Por fin las piezas de este puzzle urbanístico objeto de agrias disputas políticas han encontrado un encaje lógico que nos permitirá superar antiguos errores y una mejora espectacular de la imagen urbana de nuestra ciudad en su parte más necesitada. El Metrotrén nos llevará por fin desde el centro al borde este urbano donde se concentran gran cantidad de equipamientos (Laboral, Residencia Sanitaria, Campus universitario, Parque Tecnológico y Botánico).
El “Plan de vías” de Jerónimo Junquera y Asociados, resulta especialmente atractivo al ser sensible a los distintos contextos urbanos sobre los que actúa. La ciudad antigua se verá enriquecida por un pasaje decimonónico resuelto en clave moderna. Esta actuación no deja de ser un guiño cómplice a la vecina calle de Marqués de San Esteban que a finales del siglo XIX también quiso proteger de la lluvia mediante unas modestas arcadas a los paseantes que circularan entre el centro de la ciudad y la “lejana” Estación del Norte. Las torres proyectadas parecen una respuesta adecuada al contexto urbano de la Playa de Poniente. Su resultado final dependerá de la calidad arquitectónica de los proyectos y en este sentido el anuncio del proyecto de hotel promovido por la familia Masaveu y diseñado por la oficina de Alejandro Zaera es una noticia esperanzadora. Ya por último la voluntad de plantear la estación como cubierta- espacio libre- puente parece una idea especialmente acertada para un tejido urbano necesitado de suturas y espacios libres.
La Laboral, ha encontrado por fin, una firme voluntad política para dotar de usos al edificio-ciudad más espectacular e inclasificable que tenemos en Gijón. La consolidación del complejo exigirá todavía algún tiempo y muchos dineros, pero pienso que la apuesta merece la pena.
La aprobación definitiva de la Adaptación del Plan General, ha puesto en marcha otro de los desafíos urbanos que quedaban pendientes: el crecimiento de la ciudad más allá de la ronda de circunvalación. Confiemos que las propuestas de Luis Felipe Teixidó resulten acertadas.
Por todo ello, creo que hay razones objetivas para estar ilusionado y esperanzado con la nueva etapa urbanística que vivimos, aunque temo que como es habitual, predominarán los mensajes pesimistas y el placer autodestructivo de nuestra sociedad, poco dispuesta a mirar con confianza el futuro aunque nuestra historia reciente demuestre que hemos sido capaces de remontar de forma brillante el más oscuro de los pasados.

Juan González Moriyón (arquitecto)