1999/Marzo

Publicado en “La Nueva España” 7 de marzo de 1999

A PROPOSITO DEL CENTENARIO DEL MERCADO DEL SUR

Me pide Javier Morán, que escriba un folio con motivo del centenario del Mercado del Sur, y entiendo la petición, similar al compromiso de tener que leer unas lineas de felicitación, en la cena de celebración, del 100 cumpleaños de alguien especialmente querido.
Sospecho que estos compromisos se encargan a un amigo - con complicidad suficiente con el homenajeado- para que sea capaz evocar recuerdos, narrar aventuras vividas juntos, relatar anécdotas del protagonista y en fin, mezclar nostalgia del pasado con esperanza del futuro.
Conocí el Mercado del Sur cuando era un niño y vivía en la calle Asturias, por lo que en el mercado se hacían la mayor parte de las compras de comida para la casa. Allí acompañaba a mi madre o a la asistenta, esperando el turno en la carnicería, frutería o panadería, en un recorrido organizado que nos llevaba de un lado a otro del edificio, caminando por sus suelos abultados, entre puestos fijos o eventuales situados en largos bancos de tablas . Más tarde, pasé a ser responsable solitario de dichos encargos, convirtiéndose mis paseos por su interior, en una rutina diaria. De esta época recuerdo, que ya eras un edificio entrañable, especialmente sucio y descuidado, al que no parecían querer mucho tus propietarios .
Me fui a estudiar arquitectura, y poco a poco, mi aprecio inconsciente y vital hacia ti , se fue intelectualizando y convirtiéndose en curiosidad arquitectónica sobre tu forma, tu construcción, tu espacio, tu luz, tu función, tu ornamentación, tu historia ... en fin, todas esas cosas que nos da por mirar a los arquitectos en los edificios. En resumen más conocimiento, y lo que era simplemente simpatía mutua pasó a ser casi amor correspondido.
Tanto fue así, que en noviembre de 1977 ante un artículo publicado por un columnista habitual de “El Comercio”,en el que solicitaba tu derribo, decidí escribir por primera vez en el periódico y proclamar públicamente nuestras relaciones. En aquel “ A propósito de el Mercado del Sur” escribí: “... trato de contar aquí que el Mercado del Sur tiene todos los valores que puede tener un edificio, salvo desgraciadamente el único que cuenta en nuestra sociedad: el de no ser rentable a sus dueños...” y acababa “En fin, la polémica no está en si el Mercado del Sur tiene un valor arquitectónico, cultural, funcional, social o no, sino en qué medidas debe arbitrar la Administración para proteger de forma eficaz nuestro patrimonio arquitectónico a costa de acabar con la situación privilegiada de los pocos propietarios del suelo de la ciudad”.
Declaración pública de amor apasionado, de la que se derivaron al menos dos consecuencias. La primera, que nada más acabar la carrera, me dedicara a estudiar, junto con mi compañero Jose Ramón Fernández Molina, tu historia, tu árbol genealógico y tu familia es decir “La Arquitectura del Hierro en Asturias, 13 Mercados y otros edificios urbanos”; la segunda que fuera especialmente consciente de que mientras no existiera una protección administrativa, no garantizaríamos tu conservación.
Sobre la primera cuestión te diré, que el estudio de tus antepasados fue bastante clarificador : resultó que tu eras el último descendiente y único superviviente de la familia de mercados de Gijón que había alcanzado gran protagonismo al final del siglo pasado.
El origen de la dinastía, el Mercado de Jovellanos -proyectado por el maestro de obras Cándido González en 1867, e inaugurado oficialmente en 1876 en la Plaza del Parchís- fue un magnífico anticipo de las cualidades de tu familia: nuevos materiales, nuevos elementos estructurales, nuevo espacio. El destino trágico que parece perseguiros, acabó con él en las reformas del Frente Popular, en los primeros años de la guerra, para liberar el espacio y construir la actual plaza.
Hacia 1897, tu padre arquitectónico, el arquitecto municipal Mariano Medarde, proyecta por encargo de la Corporación, varias propuestas para el Mercado de San Lorenzo, en el lugar de la antigua pescadería. Las decisiones políticas jugarán, en este caso, una mala pasada a la Arquitectura, y la opción elegida será claramente la peor y menos ambiciosa de las propuestas.
El último y más desolador de los fracasos familiares, procede de la no construcción en el solar que tu ocupas de lo que podría haber sido el mejor mercado de Asturias. El proyecto firmado por el arquitecto Antonio Suardíaz Valdés, en 1897 para el Mercado del Sur, valorado en 236.614, 05 pts, reunía todas las cualidades de la buena arquitectura. La razón del rechazo, supongo que en este caso sería, la no ocupación completa del solar con el nuevo edifico. Algo difícil de entender por la Sociedad Promotora.
Conocer a toda tu familia y su trágica historia, me ayudó por un lado, a darme cuenta de tus defectos -consecuencia en gran parte de tu planta pentagonal- y por otra parte a valorar aún más tu existencia entre nosotros. El proyecto del arquitecto Mariano Medarde y los exhaustivos planos de Fábrica de Mieres para tu construcción, debidos al ingeniero Buenaventura Junquera, documentan las tensiones arquitectónicas que se vivían en aquel momento entre defensores de manifestar el hierro también al exterior y los defensores, como Mariano Medarde, de las “cajas de muros decoradas”.
Con estos antecedentes, parece casi milagroso que hayas llegado hasta hoy. Sin embargo por una vez coincidieron varias circunstancias favorables: en primer lugar que tuvieras diversos propietarios y muchos inquilinos, en segundo lugar la llegada de la democracia al urbanismo lográndose por fin tu protección urbanística. Entre medias el último intento de derribo, abortado por una incoación como monumento, a petición del Colegio de Arquitectos de Asturias, título nobiliario algo excesivo para ti, pero único instrumento legal en aquel momento para garantizar tu conservación.
El último episodio de esta historia, es que te han redactado un proyecto de rehabilitación, en el que te colocan una entreplanta -nada beneficiosa para un edificio como tú- y solamente explicable como concesión del planeamiento al posibilismo de hacer rentable la inversión para los actuales propietarios. A los arquitectos redactores, les deseo acierto y suerte y les pido que te traten con el respeto y dignidad que merece un anciano centenario, único representante vivo de una ilustre familia.
¡Querido amigo, hasta siempre y que cumplas otros cien ! (abrazo emocionado, entre lágrimas y el aplauso de los comensales )
Gijón, 4 de marzo de 1999

Juan González Moriyón (arquitecto)