(Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, 20 Marzo 1997)

Si para los comentaristas futbolísticos de hace bastantes años, decir “Kempes, era decir gol”y para Serrat por aquella época,“decir amigo era, decir... juego, escuela, calle y niñez...”; posiblemente para gran parte de los arquitectos asturianos, decir Ramón Rañada es decir: Plan General de Ordenación de Gijón, Urbanismo, Política, Polémica, Dialéctica, Cierto Distanciamiento y... Plan General de Gijón.

Del currículum de Ramón, realmente no sé muchas cosas; sé que es mayor que yo, que estudió en Madrid, que completó sus estudios de urbanismo en Inglaterra y que volvió a Asturias donde vivió inicialmente una intensa vida política, de la que -los que vivimos la transición con uso de razón- le recordamos presidiendo la Plata-Junta en nuestra región. La vuelta de la democracia a nuestra vida política, le propició el comienzo de su actividad como urbanista, traducida en la adjudicación de la Revisión del Plan General de Gijón de 1981 a la “Asociación de Empresarios Individuales” que constituyó junto con los también arquitectos: Tita Navarro, Gerard Lloch y su primo José Ramón Menéndez de Luarca. Después de muchas vicisitudes, el Plan fue reconocido profesionalmente con el Premio Asturias en 1985, y con un Accésit en los Premios Nacionales de Urbanismo de ese mismo año. Su vida profesional siguió y sigue fundamentalmente dedicada al urbanismo, inicios en el Plan de Avilés con Enrique Balbín, Plan de Villaviciosa y Plan del Naranco entre otros que yo recuerde.

Y otra vez vuelta a lo que sin duda es su mayor obra, la Revisión y Adaptación del Plan General de Gijón, esta vez junto con el abogado Luis Carlos Iglesias.

De lo que si se más, es de mi vida en el Revisión del Plan General de Ordenación de 1981. Casualmente, Ramón me ofreció trabajar en la oficina del Plan y allí llegué siendo todavía un arquitecto- niño en junio de 1981 para seguir hasta mayo de 1983; viviendo desde un lugar privilegiado como se hacía un Plan General y comprobando los esfuerzos de los cuatro arquitectos para lograr convertir aquellos despojos urbanos en un lugar atractivo del que no tuviéramos que avergonzarnos los gijoneses.

Allí comprendí, que a pesar de que a la mayor parte de los arquitectos nos atraiga más la pequeña escala, las grandes y al final definitivas, decisiones sobre lo que será la ciudad se deciden en los Planes Generales. Allí comprobé también, como el urbanismo, consiste, en grandes dosis de sentido común sintético aplicadas sobre toneladas de información. Algo que sin duda -y permitirme un cierto optimismo en tiempos de cambio- sabemos hacer, especialmente bien los arquitectos. Me enseñaron también como el campo es tan importante como la ciudad; surgiendo de aquel equipo la primera zonificación del No Urbanizable, embrión de la normativa ya clásica en nuestra autonomía. Allí comprobé también, la dificultad de conjugar intereses contrapuestos en actitudes de consenso y posibilistas, y que si dificil es, construir un buen proyecto de arquitectura, imaginaros lo que puede ser hacer toda una ciudad. Y ya por último, empecé a conocer, el placer autodestructivo de nuestra sociedad, incapaz de conceder un grado de confianza en el futuro, aunque se venga del más oscuro de los pasados.

Para acabar quiero recordar la curiosidad y divertimento que sentía Ramón leyendo el espacio “Aunque Ud. no lo crea”, que dentro de la sección de pasatiempos publicaba “El Comercio” , lugar de periodismo surrealista al que nos tenía acostumbrados nuestro centenario diario local. Quizás,... con la secreta esperanza de encontrar debajo de un dibujo mal hecho de la Vista de la Villa y Puerto de Xixón de Fernando Valdés de 1635 el siguiente texto:

“La ciudad de Xixón, destrozada urbanísticamente, durante los años sesenta del siglo XX, logró mejorar mucho su aspecto y habitabilidad, gracias a un gran esfuerzo colectivo guiado por los acertados Planes de Ordenación Urbana que rigieron la ciudad desde 1981”.

Gijón, 20 marzo 1997